Ejecutar o sucumbir.


 


La angustia le asfixiaba, quería expresarse, disculparse,

 pero el sudor le bajaba como una cascada en su cara,

quería correr, escapar, desaparecer,

 pero sólo le quedaba la palabra como defensa, 

 la persuasión dialéctica que aprendió del oficio de vendedor, 

aunque ya todos conocían su oratoria, sus argucias. 

Pidió otra copa, observó con detenimiento la puerta de salida del local,

 y calculó mentalmente lo que tardaría en llegar hasta ella, 

pero debido a su peso, falta de ejercicio y el alcohol consumido lo desechó.

Entonces solo le quedaba una solución,

pensó mientras palpaba la pistola en su bolsillo: Matar o morir. 


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